La juventud es tan diversa como la humanidad en su conjunto y frecuentemente la quieren agrupar en un mismo paquete.

Me preocupa mucho el bienestar de las personas jóvenes dominicanas, pero tengo la confianza de que la humanidad siempre busca la manera de salir a flote.

Sin embargo, no puedo negar ser de la generación que se educó para evitarle cualquier sufrimiento a sus hijos/as y a veces, también en eso se cometen errores, porque para salir a enfrentar la vida hay que tener agallas y temple.

El mundo de hoy ha dado un vuelco complejo, quizás peligroso, pero inevitable. Cuando observamos el panorama de quienes manejan los medios, los temas de interés y la distorsión que cada vez más fácil de propagar sobre cualquier mensaje, nos preguntamos, ¿hacia dónde llegaremos a esta velocidad?

¿Dónde está el aparato productivo y el sistema de pago de impuestos amigables en República Dominicana que sostenga a una nueva generación necesitada de empleo o condiciones para el emprendimiento?

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¿Cuándo la clase educativa perenne que pulula en el Ministerio de Educación se tomará en serio bajar esa carga académica abultada e innecesaria que hace que mucha juventud humilde abandone la escuela en la Secundaria?

¿Cuándo se entenderá que la educación sexual en el sistema educativo público es imperante en la vida juvenil?

Para esto, necesitamos tomar consciencia de un presente que funcione para sostener un futuro que permita un país, donde, más allá de exhibir números de crecimiento económico, pueda exhibir menos desigualdad social, mayor oportunidad de empleos y facilidades de emprendimiento.

Cada generación está luchando por sobrevivir, los más mayores, apegados a un estatus quo que no quieren soltar, porque tampoco se ocuparon de cambiar la cultura dominicana con sus acciones; evitando la desconsideración, la falta de respeto y la búsqueda constante de intentar humillar a quien se deja vencer con los años. Les causa pánico verse víctimas de ese patrón de actitud que no ayudaron a romper cuando tuvieron la oportunidad.

Los del medio, aquellos que no somos NI jovencitos NI viejitos, nos vemos cuidando a los mayores y sacando adelante a las personas jóvenes, con la carga económica encima y la preocupación que ambas cosas nos generan.

Y las personas más jóvenes, siendo parte de un mundo multicultural, internacional y conectado donde convergen las mismas ideas de siempre, pero repetidas con otra etiqueta y cada vez más apertura, exhibiendo un cambio absoluto del concepto de pudor y privacidad. Algunas, vulnerables a lo simple o extremo (lo malo y lo bueno) porque a veces no saben lidiar con el agobio de un mundo complejo, mientras otras, se complican más allá de lo manejable, con temas que desaparecerán de su vida, una vez sus prioridades cambien, porque los años no se paran a esperar a nadie.

La juventud seguirá siendo el más divino tesoro, que no se aprecia, hasta que los años te obliguen a sentir nostalgia.

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